El sueño es real. España conquista el mundo con su fútbol. Nadie apuesta tanto por el espectáculo. Aunque su plan es más difícil, se topa con más trabas e incluso con violencia, ha sabido vencer a todos. Y fue ser Iniesta, con un gol en la prórroga, el que confirmase nuestro dominio en este deporte

El manchego representa el nuevo modelo. Jugadores de calidad, que apuestan por la técnica y no la física. Un jugador que no marca muchos goles, pero que siempre son épicos. Y el de Jo, nunca se olvidará. A partir de ahora, el 11 de julio será recordado por todos. La Roja ha llenado de orgullo a miles de españoles, que lo han celebrado en cada rincón del mundo. Ser los mejores del mundo y con un equipo que juega como nadie, es doble alegría.

España salió mejor, apostando por el fútbol ante un rival agazapado que apostó por la agresividad desde el inicio. Van Persie ya había dado una patada en el primer minuto. España apostaba por la pelota, mandaba y remataba. Stekelenburg evitó con una gran estirada un cabezazo de Ramos, cuyo rechace no pudo aprovechar Pique. El primer cuarto de hora fue espléndido, aunque sin acierto. Llegadas, por medio de Villa y Ramos, que se quedaron ilusiones juntos a los palos que se aferraba una Holanda fue más rácana que nunca. Replegada, sin buscar tocar la pelota y limitando sus acercamientos a acciones a balón parado o errores rivales. En uno de Busquets, supimos que Casillas estaba allí cuando le probó Kuyt desde lejos.

Vergonza actuación arbitral

Todo esto estaba mediatizado por el lamentable arbitraje de Webb, que permitió que los tulipanes mantuviesen su guión de violencia y orden. Debieron irse a la ducha De Jong y sobre todo Van Bommel. Debería darle verguenza que algún día le llamaran centrocampista. Con él de timón, Holanda desarrolló un juego marullero fue indigno de un finalista de Mundial. Muchos habían dicho que la historia le debía algo a Holanda, pero ante España no se pareció lo más mínimo a sí misma. Aquellos setenteros melenudos seguro que hasta pasaron verguenza viendo la propuesta naranja. Sólo pegaron patadas al rival. De modo sonrojante. Capdevila la tuvo al peinar Puyol un córner al segundo palo. Se come un más que probable penalti de Van Bommel. Lo del árbitro era kafkiano, pero el juego seguía por los mismos derroteros...

Del Bosque apostó por Navas en lugar de un batallador Pedro para hacer sufrir a Van Bronckhorst, que por supuesto tenía amarilla. Justo entonces llegó la aparición estelar de Casillas. Pase entre líneas de Sneijder a Robben, que usó el hueco entre Piqué y Capdevila para plantarse ante el meta. Lo engañó pero no contaba con el pie del madrileño. España llegaba por banda diestra, pero Holanda había dejado el partido abierta, donde le interesaba.

Violencia holandesa

En una acción de Navas, con centro al área que no despejó Heintinga la tuvo Villa. Superó al meta pero no al pie del central que rectifico con la espuelo para enviarla a córner. Aquello cada vez se parecía más al duelo inicial con Suiza. Más disparos, especialmente en botas de Villa, pero sin acierto. Ramos tuvo un córner calcado al de Puyol. Estaba tan sólo que quizá se confió... Merecía el 0-1 La Roja pero no llegaba. Iniesta se quedó sólo en el área pero no quiso tirar por su habitual generosidad.

Webb, el protagonista del encuentro, seguía sin enterarse de nada. Van Bommel no paraba de sumar gestos antideportivos, sin castigo alguno. En un pelotazo Robben se marchó de Puyol, que intentó derribarle sin éxito. Llegó sin fuelle y Casillas volvió a arrebatarle la pelota. Se mascaba la prórroga y Cesc entró al rescate. El catalán tuvo la gloria en sus pies tras un pase espectacular de Iniesta. Se quedó solo ante Stekelenburg, pero optó por disparar en vez de entregarla a Villa. El meta holandés, el mejor de los suyos, evitó el merecido tanto español con el pie.

El manchego luego se hizo un lío dentro del área, cuando debía rematar. Sí lo intentó Navas y por instantes los corazones del país creyeron que el sevillano había marcado. Fue un efecto óptico, ya que rozó en Gio y pegó en el lateral de la red. Luego fue Cesc quien disparó junto al palo en una de sus famosas arrancadas. Quizá por aferrarse al espíritu de Viena, al inicio de la segunda parte de la prórroga Del Bosque tiró de Torrres. Iniesta forzó una falta en la frontal que fue la roja a Heintinga, que la merecía desde mucho antes, pero Xavi tampoco acertó en el golpe franco. Temíamos por los penaltis. Hubiese sido una crueldad, que evitó Iniesta. Al igual que hiciera en Stamford Bridge, luciendo la segunda equipación, soltó un zapatazo que superó al muro Stekelenburg. Quedaban unos segundos para que el infame Webb pitara el final. Tras las carreras, abrazos y lágrimas Casillas levantó la Copa. España se dio cuenta que el sueño es real. Y merecido.